Viajando encontré al amor de mi vida



Hawaii nos estaba llamando y todo comenzó con un ‘solo confía’… así como cuando Danny se mudó México para estar juntitos y confió en mi cuando me fui a Bogotá para continuar mi carrera, mientras él me esperaba pacientemente.  Así como cuando nos apoyamos para que siguiéramos nuestros sueño de estar en San Francisco. Así como cuando prometimos que algún día estaríamos el resto de nuestra vida juntos sin tener que separarnos.

El destino nos presento en Connecticut (pegadito a NYC) fue como un regalito un 20 de Junio y no es broma, lo primero que me dijo fue ‘Feliz cumpleaños’ yo super emocionada  me preguntaba quién será ese gringo que intenta hablar español. Y bueno… nos conocimos en ese campamento de 8 semanas inolvidables, así que sí, lo que comenzó como una bonita historia de verano continuó como un gran cuento feliz de por vida.




Todavía recuerdo nuestra primera despedida en el aeropuerto JFK, estaba tan triste de dejarlo y por supuesto con la incertidumbre de si nos volveríamos a ver. A pesar de que él me decía ‘solo confía’ yo no podía creer hasta no volverlo a ver.

Después de 4 meses él estaba en el aeropuerto de ciudad de México por primera vez. Un momento para nada perfecto; yo llegué tarde, MUY tarde… Dan sin servicio en su teléfono se le ocurrió esperar con audífonos en el lugar más escondido, jurando que por supuesto lo había abandonado y yo… sin poderlo encontrar.

Y así empezó la gran aventura… cada uno por su camino persiguiendo sueños, combatiendo los temores a la distancia y con Skype como mejor aliado. Durante 2 años solo nos veíamos cada 3 meses; cuando llegaba el momentos de volvernos a ver era tiempo dedicado solo el uno para el otro, para conocernos y escucharnos sin que lo demás importara. Hasta que llegaba una noche antes de cada despedida; a veces era él, a veces era yo la que se iba, pero nuestras despedidas se volvieron rituales comiendo sushi y tomando cerveza llenas de carcajadas, planeando la próxima visita y prometiéndonos que algún día las partidas terminarían.

Ahora entiendo porque tenía que ser así, nuestra relación siempre fue un desafío con un futuro incierto pero con el único objetivo de volvernos a encontrar. Esos días aprendí el verdadero valor de un abrazo, el sentimiento de no querer soltarlo y lo que realmente significa extrañar. La relación que me enseño que la paciencia, el verdadero amor y la confianza es lo único que nos unía. No voy a mentir, no fue nada fácil. No estaba segura hasta cuando duraría pero de lo que si estaba segura es que mientras durara era sincero, era amor puro y felicidad plena. No había nada que no obligara a estar el uno con el otro si no queríamos.

Hasta que finalmente mi país, México nos recibió con los abrazos abiertos durante un año. Por primera vez nos encontrábamos en un mismo lugar más de 3 meses; se volvió mi mejor amigo, la persona que me apoya en mis ideas más descabelladas y yo la participe de sus experimentos. Tanto que un día despertamos en San Francisco más unidos que nunca y sin miedo a soñar demasiado alto.

La vida es tan corta que hay que jugarse por lo que te hace feliz, lo demás se va dando. Lo que más amo de este hombre, es que puedo decirle lo que pienso y ser 1000% yo, sin miedo a que nuestro amor se acabe. Puedo seguir siendo la viajera que necesita mudarse cada año y se que a él no le asustara irnos a una isla desierta o puede decirme que renunció a su trabajo para irnos a Timbuktu y yo gritare de emoción saltando por la casa.

No voy a mentir, a veces me vuelve loca y yo a él! Pero no hay nada de lo que este más agradecida que haber encontrado al mejor complice de vida. Moverse a Hawaii y casarse con este guapo, muchos piensan que estamos locos y jóvenes pero yo creo que es más vida para estar juntos.

Amor de viajeros

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